viernes, diciembre 31

31 de Diciembre

Dicen que no existe ninguna fiesta mágica tradicional en esta fecha. Sin embargo, al menos para mí, cada 31 de diciembre es mágico en sí mismo. Es como el simbólico punto final a la cadena de sucesos de los últimos doce meses. Esos mismos doce meses que habían comenzado luego de su 31 de diciembre, igual que los próximos venideros, con toda una carga de ilusiones intentando dejar atrás de un golpe a sus antecesores calendarios. Un año nuevo está por comenzar, como si todo fuera nuevo, como si cada cosa tuviera el poder de regenerarse ante el influjo de las doce campanadas de las cero horas del día 1 d enero. Se produce entonces un conjuro mental y semi inconsciente en el cual se pronuncia el decreto por excelencia: este año que comienza va a ser mejor. Y así, el 1 de enero, este año lactante inicia su crecimiento sin ningún tipo de pasado, impoluto, feliz, rodeado de fuegos de artificio, comidas copiosas, y brindis sonrientes tras la cristalería de fiesta. Un año sin recuerdos, un año en blanco… un año novísimo…


¿Cuántas promesas se juran en este segundo día de magia festiva, que resulta ser el primer mágico del calendario individual? ¿Cuántos propósitos se plantean? ¿Cuántos trazados de ruta se insinúan? ¿Cuántas lágrimas ceden sus pasos a las sonrisas de la nueva ilusión?

Y así, en unas horas, este bebé año comenzará a crecer, y en doce meses se transformará en otro anciano año, un calendario viejo que sólo merece ser quemado, un sinnúmero de cosas buenas, malas y de las otras… Hay quienes logran malograr el año desde su primer minuto. Habrá otros que intenten defender con uñas y dientes al bebé de los días y las noches venideras hasta casi el mismísimo anciano próximo 31 de diciembre.

Como sea, no deja de maravillarme la facilidad de los seres humanos para crearnos magias donde no las hay, y para apoyarnos en ellas, como si fueran muletas ya gastadas de tanto mal usarlas por no ser cojos, sino sólo individuos que nunca se animaron a caminar de verdad, personas que se caen subiendo por la escalera de la vida si ésta no lleva unas firmes barandillas, como si hubiera sido necesario traerlas firmemente enganchadas bajo el brazo al salir del útero materno para comenzar a aferrarse a ellas cuando ya no fuera posible seguir unido al sangriento cordón umbilical, dador del confort del alimento y el oxígeno.

De todas maneras, desde mi punto particular, está muy bien cargarle al 31 de diciembre todas las frustraciones, agradecerle todas las dichas, e intentar de nuevo, el primero de enero, que la próxima cadena de sucesos que finalizará el 31 de diciembre, sea más afortunada, con más fuerza, y sobre todo, con más amor.

Los budistas dicen que vivimos en un mundo de ilusión… y si, creo que el día que me levante sin ilusión, es porque en realidad no me levanté, y perdí la vida.

¡Feliz Año Nuevo para todos!

martes, diciembre 28

Ay ay ay...

Si, ya se que me había hecho el firme propósito de documentar mi viaje en el blog, que iría anotando cada cosa que pasara… y no, claro que no lo hice.


Ya hace un mes y medio que estoy en Can Barceló, y a duras penas si ayer subí el texto relacionado a mi salida de Baires y llegada a España.

Pasan cosas, me pasan cosas… Quisiera escribir aquí que estoy maravillada de haber venido, quisiera decir que me dan ganas de no volver a Argentina…pero no es cierto… extraño mucho. Más que nada en el mundo extraño a mi hijo, luego está el resto de mi familia, y casi en el mismo renglón mis amigos… luego el mate, los bizcochitos… De verdad, nunca creí que me pasaría. Cuando hice mi viaje a Brasil, de adolescente y a dedo, de tanto en tanto me daba la nostalgia, pero se me pasaba enseguida, tal vez por ser entonces tan joven, tal vez por encontrarme realmente mucho más cerca de mi país que ahora. No se porqué, pero era así. Hoy en día a tantos miles de kilómetros de mi suelo nativo, se me pone la piel de gallina pensando en la mugre de Buenos Aires… hasta la mugre se puede extrañar, como si fuera un mitológico y folklórico personaje del paisaje urbano. ¡Que te puedo decir que me pasa si escucho una frase tanguera! ¡jajaja! Nunca fui demasiado tanguera, pero creo que hasta la marcha Aurora me emocionaría en estas circunstancias.

Como sea, la gente aquí es genial. Isa y Jose son buenas personas, sus amigos, también lo son. La masía es y está en un sitio encantado, como de cuento de hadas, los animales son maravillosos, me llevo muy bien con ellos. La posibilidad de trabajar en mi profesión existe, hay que darle un tiempito más al tema y empezar a tratar personas para empezar a ganar unos euros. Isa está abocada a la tarea de comprar una camilla para que pueda realizar mejor la terapia… pero de verdad… no sé… no sé…

No quisiera que lo tome a mal mi familia de este lado del Atlántico, pero creo que me quiero volver a Buenos Aires. Creo que no me importa un carajo que allá tenga que trabajar de cualquier cosa menos de lo que estudié, ni que la plata no me alcance para todo lo que quisiera… ahora veo que estas no son mis prioridades… mis prioridades más bien pasan por mi hijo, su novia, mi casita, pequeña pero bonita, mis amigos, mi planta de jazmín , mi gato Plutarco y el atorrante Lebi, el perro del barrio que viene a dormir y a comer a casa… extraño… extraño… ¡Tanto querer venir a Europa, y Europa no puede contenerme de ninguna manera! snif...snif... snif...