sábado, octubre 23

Y al final, parece que vuelo...

Si. Ya tengo fecha de partida. El 15 estaré abordando la nave de Aerolíneas que me llevará a Barcelona.
Tanto esperar el viaje, tanto proyectar, y ahora que ya es inminente, que el pasaje está pagado y que la fecha se acerca, no puedo menos que angustiarme terriblemente. Me quedan 23 días en Buenos Aires. Veintitrés días de trámites y de tratar de no gastar ni medio mango en lo posible, porque ando excesivamente ajustada con la plata. Veintitrés días de hacerme problemas por si mi hijo va a poder solo con la casa, veintitrés días de repetirme una y otra vez si está bien que me vaya y lo deje acá... 23, 23, 23... obsesiva... ¡jajaja! Como en la película "El Número23", recién me doy cuenta.
Esta misma noche me enteré de la fecha. Me dio medio un ataque. Mi cuñada, al teléfono, asombrada de oirme medio fria al darme la noticia... "es que lo estaba esperando" le dije, y es cierto, pero en realidad, no me había caído la ficha, cosa que sucedió como veinte minutos más tarde durante la conversación telefónica. Pero además, no sé como explicarle que la alegría inmensa de cruzar el mar para verla a ella, a mi hermano, a mi sobrina, se mezcla impertinentemente con la amargura de dejar a mi hijo acá. Está bien, ya se... es grande, y fue él quien decidió no venir, porque está muy enamorado de su novia de Villa del Parque. Bien, ya es grande, pero para mi siempre va a ser un chiquitito. Me cuesta horrores cortar el cordón, darme cuenta de que en realidad no me necesita tanto como yo creo, de que cuando se avive que hay que ahorrar lo va a hacer, y va a aprender a hacerse la comida y lavarse la ropa solo, y que mal no le va a venir, después de todo tiene veinte años... si, ya se todo eso, pero igual, el nudo en la garganta lo tengo.

martes, octubre 5

Con el tiempo siempre nos llega (Sólo para mujeres).

Y si... por más que me cueste reconocerlo, el título del blog me quedó corto... Me fui de los cuarenta hace ya un mes y medio. Si me seguís, ya te habrás dado cuenta, que en el año del bicentenario, estoy cumpliendo medio siglito...jeje... en diinutivo, paree más amigable.
¿Y qué pasó? Bueno, básicamente, no me dí cuenta, todo sigue igual, no me llené de arrugas de golpe ni me llegó la menopausia, pero, parece que de alguna manera mi biología quiso celebrar, y está desequilibrándome las hormonas, de manera que entro en un climaterio indeseado, pero inminente.
Nos pasa a todas, claro, así que habrá que aprender a vivir un tiempo con esto. La verdad, es que preferiría directamente  la menopausia, entre nosotras, estoy harta de  el que viene cada mes. Como vino ahora,  de manera intempestiva. Nunca me había molestado el período, porque siempre lo tomé como cosa natural, pero no se por qué, no puedo tomar "naturarlmente como natura"l este proceso de retroceso, así lento, lleno de interrogantes. ¿No sería mejor que la naturaleza nos diera la posibilidad de cortar el proceso sin más?
Una amiga me decía que no lo viera como retroceso, sino como avance...¿Avance hacia dónde...? Bueno, prefiero no responderme..
Como sea, intento segurir vivendo con esta mierda de no saber si me va a venir o no, con  soporte logístico de tohallitas y esas yerbas continuamente en la cartera, porque, repito, una nunca sabe cuando si o cuando no, con la angustia de pensar que al final los años empiezan a marcarme a fuego en el cuerpo, , con miedo que este fuego se pase a mis pensamientos y emociones...
Jeje..¿Se nota que estoy en esos días...?

sábado, octubre 2

Y si... el tiempo pasa...

Estuve releyendo este blog...¡Uf!... Pensando bien en lo que escribí en el último post de hace ya varios días, y habiendo encontrado referencias similares en post anteriores, veo que no fue la primera vez que dejé de escribir, por lo que leo...
Y es posible que tampoco sea la última.
Presa de mi ciclotimia aplastante, ora muero por escribir y remodelar, ora me olvido despiadadamente. Pero no sólo con el blog me pasa, sino con la escritura en general.
Recuerdo, cuando era niña, no podía casi respirar si no escribía. Se auguraba para mi un sublime futuro de letras, una gran carrera literaria. Y bueno, nadie contaba, ni siquiera yo misma, que iba a ser asaltada por estos períodos anoréxicos de los cuales ya les hablé. Esta manía depresiva de los relatos, esta manera de saltar-bailar-saltar y caer en un letargo profundo, muy profundo, en el cual las palabras se rebelan contra la expresión, y las ideas se estrellan en un vacío mortuorio, para después volver a saltar-bailar... así, indefinidamente en el tiempo.
Se que para escribir, sólo me falta empezar, plasmar la primera palabra. Después, los textos aflojan y salen, dispuestos a ser leídos, analizados, corregidos... en fin, dispuestos a todo lo que se hace con los textos. El problema está en esa primera palabra, que se retoba y no quiere ser molestada, se niega al poder de la comunicación y se queda aferrada a un pensamiento inútil en algún recóndito lugar de mi cabeza, tan  colmada de cosas, como un inmenso altillo atiborrado de recuerdos llenos de polvo y espera en vano. En una de esas se queda porque se siente aompañada por tanto artilugio imaginativo estancado, como un océano metido dentro de un baul. No sé, lo que sí se es que se pone terca y piquetera, y no deja pasar a nadie, ni ella, ni ninguna otra palabra que pueda ayudarme a pegar el nuevo salto.
Pero, y esto es lo que me fascina de esta palabra estancada y ladina, un día la encuentro cansada de tanto esfuerzo, y...¡zaz! le doy un plumazo en medio del símbolo propio de su expresión... Entonces ella trastabilla, se confunde, se asfixia dentro de los pensamientos inútiles, y se deja fluir... Entonces, salto de nuevo para bailar.
Espero se demore el mayor tiempo posible la próxima palabra rebelde sin causa, para tomar posesión del portal de mi creatividad.