Si, ya se que me había hecho el firme propósito de documentar mi viaje en el blog, que iría anotando cada cosa que pasara… y no, claro que no lo hice.
Ya hace un mes y medio que estoy en Can Barceló, y a duras penas si ayer subí el texto relacionado a mi salida de Baires y llegada a España.
Pasan cosas, me pasan cosas… Quisiera escribir aquí que estoy maravillada de haber venido, quisiera decir que me dan ganas de no volver a Argentina…pero no es cierto… extraño mucho. Más que nada en el mundo extraño a mi hijo, luego está el resto de mi familia, y casi en el mismo renglón mis amigos… luego el mate, los bizcochitos… De verdad, nunca creí que me pasaría. Cuando hice mi viaje a Brasil, de adolescente y a dedo, de tanto en tanto me daba la nostalgia, pero se me pasaba enseguida, tal vez por ser entonces tan joven, tal vez por encontrarme realmente mucho más cerca de mi país que ahora. No se porqué, pero era así. Hoy en día a tantos miles de kilómetros de mi suelo nativo, se me pone la piel de gallina pensando en la mugre de Buenos Aires… hasta la mugre se puede extrañar, como si fuera un mitológico y folklórico personaje del paisaje urbano. ¡Que te puedo decir que me pasa si escucho una frase tanguera! ¡jajaja! Nunca fui demasiado tanguera, pero creo que hasta la marcha Aurora me emocionaría en estas circunstancias.
Como sea, la gente aquí es genial. Isa y Jose son buenas personas, sus amigos, también lo son. La masía es y está en un sitio encantado, como de cuento de hadas, los animales son maravillosos, me llevo muy bien con ellos. La posibilidad de trabajar en mi profesión existe, hay que darle un tiempito más al tema y empezar a tratar personas para empezar a ganar unos euros. Isa está abocada a la tarea de comprar una camilla para que pueda realizar mejor la terapia… pero de verdad… no sé… no sé…
No quisiera que lo tome a mal mi familia de este lado del Atlántico, pero creo que me quiero volver a Buenos Aires. Creo que no me importa un carajo que allá tenga que trabajar de cualquier cosa menos de lo que estudié, ni que la plata no me alcance para todo lo que quisiera… ahora veo que estas no son mis prioridades… mis prioridades más bien pasan por mi hijo, su novia, mi casita, pequeña pero bonita, mis amigos, mi planta de jazmín , mi gato Plutarco y el atorrante Lebi, el perro del barrio que viene a dormir y a comer a casa… extraño… extraño… ¡Tanto querer venir a Europa, y Europa no puede contenerme de ninguna manera! snif...snif... snif...
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