Si. Ya tengo fecha de partida. El 15 estaré abordando la nave de Aerolíneas que me llevará a Barcelona.
Tanto esperar el viaje, tanto proyectar, y ahora que ya es inminente, que el pasaje está pagado y que la fecha se acerca, no puedo menos que angustiarme terriblemente. Me quedan 23 días en Buenos Aires. Veintitrés días de trámites y de tratar de no gastar ni medio mango en lo posible, porque ando excesivamente ajustada con la plata. Veintitrés días de hacerme problemas por si mi hijo va a poder solo con la casa, veintitrés días de repetirme una y otra vez si está bien que me vaya y lo deje acá... 23, 23, 23... obsesiva... ¡jajaja! Como en la película "El Número23", recién me doy cuenta.
Esta misma noche me enteré de la fecha. Me dio medio un ataque. Mi cuñada, al teléfono, asombrada de oirme medio fria al darme la noticia... "es que lo estaba esperando" le dije, y es cierto, pero en realidad, no me había caído la ficha, cosa que sucedió como veinte minutos más tarde durante la conversación telefónica. Pero además, no sé como explicarle que la alegría inmensa de cruzar el mar para verla a ella, a mi hermano, a mi sobrina, se mezcla impertinentemente con la amargura de dejar a mi hijo acá. Está bien, ya se... es grande, y fue él quien decidió no venir, porque está muy enamorado de su novia de Villa del Parque. Bien, ya es grande, pero para mi siempre va a ser un chiquitito. Me cuesta horrores cortar el cordón, darme cuenta de que en realidad no me necesita tanto como yo creo, de que cuando se avive que hay que ahorrar lo va a hacer, y va a aprender a hacerse la comida y lavarse la ropa solo, y que mal no le va a venir, después de todo tiene veinte años... si, ya se todo eso, pero igual, el nudo en la garganta lo tengo.
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